Lady Catherine novela romántica s.XIX


Lady Catherine es una novela romántica ambientada en el periodo de regencia de principios del siglo XIX

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viernes, 27 de junio de 2014

Capítulo dos: La exposición de arte. 2 de Abril de 1812

Desde que mi padre murió hace más de dos años y medio, Charles ocupó su lugar como cabeza de familia administrando las propiedades y negocios que, como único hijo varón, heredó directamente. También, al ser mi único hermano, era quien se ocupaba de llevarme a pasear, a bailes, al teatro... y en aquel día de primavera el lugar escogido era la nueva exposición de arte. Habitualmente me torturaba con comentarios sobre mi deber de encontrar un marido quien lo dispensaría de esas obligaciones, pero siempre me brindaba su apoyo, sobre todo frente a mi madre, cada vez que rechazaba a los pretendientes que me cercaban como hambrientos buitres.

Me encanta la primavera.

Es la estación que atrae a un sinfín de nuevas caras y un número más que considerable de actividades sociales y culturales, aunque mi deseo personal se inclina más hacia las representaciones del arte y las actividades, que a las personas que las visitan.

—Charles, me parece inusual que hayamos venido los dos solos a la exposición.

Mi hermano eligió una soleada mañana de principios de abril para que apareciésemos juntos en sociedad, en esta recién estrenada temporada. Este iba a ser mi segundo año y ya no me sentía tan nerviosa, pero todavía me imponía respeto todas esas miradas curiosas.

—¿Acaso hechas en falta a James? —Intentó mantenerse serio al decir aquellas palabras, pero obtuvo poco éxito.

Le obsequié con una mirada llena rebosante del más profundo odio por provocarme de aquel modo en un lugar público donde, por supuesto, no estaría bien visto discutir. Y con el tono más dulce y melodioso que pude fingir, no dudé en contestar a tal provocación:

—Te lo ruego, no estropees este bonito día con su recuerdo. De hecho, me alegro... —interrumpí mis palabras para saludar a Lady Thonsom, vieja amiga de la familia, con una leve inclinación de cabeza—. Me alegro de que tu amigo haya viajado en estos días al norte para no sé qué asuntos importantes. Me refería, querido hermano, a que me parece raro que no hayamos venido con nuestros primos: George y Marianne.

—Supongo que ellos ya estarán dentro, querida. Espero que no se enfaden por nuestro retraso.

Mientras decía esas palabras, Charles intentaba ver más allá de las cabezas y sombreros que se agolpaban en la entrada del museo. Nos demoró un buen rato poder entrar y buscar a nuestros primos. Era el primer día de exposición y tal parecía que todo Londres se había puesto de acuerdo para visitar el museo.

Cuando encontramos a George y Marianne estaban junto a una bonita fuente llena de esculturas y con varios bancos a su alrededor, todos ellos ocupados evidentemente. Entonces, descubrimos que ya estaban muy bien acompañados. George fue quien realizó las presentaciones:

—Permitidme que os presente a la señorita Jane Miller.

Mi hermano hizo una solemne inclinación de cabeza ante aquella hermosa jovencita de dorados cabellos. Yo me limité a sonreír y saludarla con breves palabras:

—Mucho gusto.

—Señorita Miller, estos son mis primos que viven aquí en la ciudad: Lord Charles Rosen y su hermana Catherine.

Con una pequeña y graciosa reverencia nos saludó a los dos.

—Encantada de conoceros al fin. Me han hablado mucho sobre vosotros y es innegable el curioso parecido familiar que poseéis.

Charles y yo nos miramos a la vez, divertidos por la revelación. Nunca pensamos que nos pareciésemos tanto entre nosotros; debía de tratarse por los ojos verdes y el característico color rojo de nuestro cabello que ambos heredamos de mi ya fallecido padre. Entonces, mi prima Marianne intervino en la conversación para tratar de explicar un poco las palabras de su amiga:

—Desde luego que es inusual Jane. Pero mi tío Charles, que en paz descanse, era el hombre más pelirrojo que jamás he visto en mi vida. Lo extraño es que Susan, la más pequeña de los hermanos Rosen, tenga los cabellos tan dorados como tú.

—En ocasiones pienso que mi cabeza parece una llama prendida —bromeó Charles.

Ambas muchachas rieron divertidas, pero pronto mi prima notó por mi seriedad que empezaba a sentirme violenta con el rumbo que tomaba la conversación. No solía gustarme que hablaran en público sobre mi físico y mucho menos de mi pelo colorado. Así que enseguida cambió el tema de conversación y lo focalizó en su recién adquirida amiga:

—Nos conocimos en unas maravillosas clases de piano con un tutor de lo más interesante, ¿verdad Jane? —En esta ocasión las tres emitimos una pequeña risita—. Fue durante el largo y aburrido invierno en el campo. Y nos hemos hecho tan amigas que no soportaba la idea de separarnos ahora que viene la primavera. ¡Es que hay tantas cosas divertidas por hacer! George y yo la hemos invitado a pasar con nosotros toda la temporada aquí en la ciudad.

—Bienvenida entonces, señorita Miller, a la gran ciudad.

—Muchas gracias, milord.

La joven Jane se ruborizaba a cada palabra o mirada de mi hermano. Empecé a intuir las verdaderas intenciones de Marianne al traerla aquí. Mi prima quiso volver a encaminar la conversación para no hacer más violento el momento a su amiga:

—¿Y bien? ¿Sólo habéis venido los dos? ¿Dónde se ha metido este año Lord Wellington?

—Hoy parece que todas las señoritas echáis mucho de menos a James. ¿No os basta conmigo?

Observé que dicho comentario de mi hermano me aludía claramente a mí y las palabras que habíamos tenido antes. Lamentablemente, otra vez, no lo quise pasar por alto a pesar de que todos nuestros acompañantes miraban a un punto desconocido detrás de mí y ninguno me prestaba verdadera atención:

—No seré yo quien lo eche en falta, Charles. Por fin respiro un poco de paz. Es agradable salir o sólo quedarse en casa sin tener que cruzarme constantemente con él en cada esquina. Me resulta tan irritante, molesto y maleducado...

Charles me dedicó entonces una mirada de enfado, aunque los demás seguían absortos en lo que fuera que acontecía a mis espaldas. Pero no hizo falta girarme para reconocer la voz grave y contundente, y sin duda mucho más conocida de lo que me gustaría, que habló detrás de mí dándome un susto de muerte y avergonzándome frente a los presentes:

—Siento tener que estropearte el día... una vez más.



...

5 comentarios:

  1. Jajajaja... Interesante la manera de responder de Lady Catherine.

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    1. Es muy listilla y muy tontorrona a la vez... Cathy da para muchos capítulos XD

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  2. Me gusta mucho la narración guapa ^^ Te mete de lleno en la historia y en aquellos años :)
    Parece que Lord Wellington va a dar mucho de sí ;P
    Un besazoooo

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  3. Hola Amarie, acabo de leer los dos primeros capitulos. Me apetece seguir leyendo, a mí también me ha intrigado el personaje de Charles. Como la novela está muy avanzada, iré leyendo poco a poco hasta ponerme al día.
    Un beso.

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    1. Bienvenida :)

      Esta aventura empezó en el verano de 2014 y gracia a vosotros los lectores, que me animais, aun sigue adelante.

      Lee a tu ritmo y disfruta de la historia, me alegrará leer tu opinión sobre los personajes y la historia.

      Un beso

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Gracias por leer "Lady Catherine"

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