Lady Catherine novela romántica s.XIX


Lady Catherine es una novela romántica ambientada en el periodo de regencia de principios del siglo XIX

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sábado, 28 de junio de 2014

Capítulo Tres: La sala de Música. 2 de Abril de 1812

No podía ser cierto.

Había invocado al espectro de Wellington que venía a atormentarme en ausencia del Duque original. Me giré para enfrentarlo. No podía comportarme con cobardía, no en su presencia. Me armé de valor e indiferencia, respondiendo ante su inesperada llegada:

—¡Qué viaje tan corto, Lord Wellington! —Incliné la cabeza a modo de saludo.

—Yo también me alegro de verte, Catherine. Estas dos semanas sin vernos me han parecido décadas —Su pícara sonrisa mal disimulada demostraba que había escuchado mi hiriente comentario y que no lo iba a dejar pasar.

—Pero si ni siquiera suman quince días, es usted un exagerado.

—¿Yo? ¿Exagerado dices? —Comenzó a reírse de mí, ahora de una forma más evidente—. Parece que tu percepción de tiempo y la mía son totalmente opuestas, milady.

—Eso es lo que parece, desde luego.

Con estas palabras Charles intervino a tiempo de que una nueva discusión explotara entre Wellington y yo. Tal vez lo descubrió por su desvergonzada sonrisa, la poca paciencia que yo demostraba ante sus continuas provocaciones o simplemente porque nos conocía muy bien a los dos. George aprovechó para saludar a su amigo recién llegado y le presentó a la hermosa y joven Jane. Entre saludos, chistes y risas aproveché para escabullirme. La escena protagonizada por Wellington y por mí provocó un momento de tensión para todos; así que, para suavizar el ambiente, lo mejor que podía hacer era desaparecer durante un rato entre todas aquellas obras de arte. Al fin y al cabo admirarlas era el objetivo principal de haber acudido al museo.


Pasado unos instantes, perdí de vista a mi círculo pero no me preocupé; el museo se organizaba en una serie de galerías que daban a un recibidor central, donde se encontraba la hermosa fuente ornamentada con figuras romanas ligeras de ropa. Sabía cómo encontrar a mis amigos en caso de necesidad.

Explorando las galerías disfruté del inesperado hallazgo de una sala de música; en ella un caballero realizaba una increíble demostración de sus habilidades frente al piano. Reconocí la melodía y me detuve allí mismo, junto a la puerta al final de la concurrida sala, a deleitarme con aquella esmerada ejecución de la pieza.

—Si lo deseas puedo sacarte a bailar.

—Esto no es un salón de baile, Lord Wellington. Es una sala de audiciones. Ya sabe... para escuchar —Hice el gesto de llevar mis dedos a los oídos, pero ni siquiera abrí los ojos ante su inesperada presencia. No quería darle el placer de saber, una vez más, que me había molestado—. Además, no piense ni por un instante que va a estropearme este hermoso momento.

—Eso es lo último que quisiera.

Me contuve de mirarlo en todo el tiempo que empleó el artista en tocar la pieza musical, pero me sentí muy incómoda. Aunque fingí disfrutar emocionada de la música, tuve la certera sensación de que Wellington no había apartado la mirada de mí durante toda la canción. Cuando el caballero dejó de tocar, me giré para enfrentar al duque por segunda vez en ese día. Me topé con una intensa mirada traslucida. Estaba muy serio y parecía buscar en mi rostro la respuesta a una pregunta que nadie había formulado.

—¿Quiere algo de mí, Lord Wellington?

—Quizás demasiado... —Hizo una pausa y dejó la frase sin acabar. Algo estaba tramando, tenía que mantenerme alerta—. Deberíamos volver con los demás.

Tu hermano quería volver temprano.

—¿Ya?

El tiempo en el museo fue un suspiro para mí, pero evidentemente el reloj había seguido moviendo sus manecillas mientras yo recorría galerías hasta acabar en aquella sala absorta en la música.

—Cada vez le doy más vueltas a la idea de comprarte un reloj. No tienes buena percepción del tiempo, Cath.

Él sonrió. Siempre sonríe demasiado. Este insufrible hombre verdaderamente se divertía incordiándome.

—¡Já! Como si pensara aceptar un regalo suyo. Seguro que, con toda su maldad, me lo daría envenenado.

—Un reloj envenenado nooo, lees demasiadas novelas —rió de forma sonora, seguramente sólo para molestarme—. ¿Crees que Charles me lo permitiría?

Prefiero acabar contigo de una forma más sutil, regalándote un reloj con un retrato mío... Así cada vez que mires la hora, recordarías la cara de quien te lo regaló.

—¡Oh Dios mío! Eso es muchísimo peor —Ahora era yo quien sonreía—. Usted no quiere matarme ¡quiere torturarme!

Wellington reía con nuestra inofensiva disputa y así pude comprobar que no se había molestado verdaderamente por la tensa escena que protagonizamos a su llegada. A partir de ese momento no dijo nada más, se limitó a colocar su mano en mi espalda y guiarme entre el gentío hasta el lugar donde se hallaban nuestras amistades.


Todos estaban muy animados. Al parecer me perdí como Lady Thonsom resbaló y cayó con sus rechonchas posaderas en mitad de una sala muy concurrida. Era sin duda el gran chisme del día y todos disfrutaban recordándolo una y otra vez. Me descubrí a mí misma riendo con los demás de la tragedia pública de aquella mujer, pero por el rabillo del ojo pude distinguir a Charles y Wellington bastante alejados de nosotros en una seria conversación privada. Sentí una pequeña punzada de culpabilidad que rápidamente transformé en una sensación de victoria.

""No siempre te vas a salir con la tuya, señor duque""




...

2 comentarios:

  1. Qué descaro el de este hombre jaja Me gustan los personajes y la historia así que la iré leyendo poco a poco :)
    Enhorabuena guapa!!! ^^
    Un besitooo

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    Respuestas
    1. Gracias, por pasarte y leer. Me alegra que te guste :)

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